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Bahamas
De piratas, aventuras, tesoros e historias turbulentas
Por Alejo Patricio Marcigliano     |  
27 de Octubre de 2011

Más allá de Hollywood, los piratas fueron reales y asolaron el Caribe durante el siglo XVII. Sus historias legendarias, sus vestigios, los escenarios donde actuaron, siguen allí al alcance de los viajeros. Le proponemos un recorrido especial, cargado de adrenalina y aventura, por un paraíso de playas y aguas turquesas.

”¿Conoces a Jack Sparrow?... ¡Yo soy su hermano: Black Sparrow!”, dijo y a continuación lanzó una pretendida carcajada pirata. El negro de casi dos metros, con ropas a la usanza del siglo XVII es una suerte de portero y anfitrión del Museo de los Piratas de Nassau. Más allá de la humorada y de lo que supone “subirse” a la fama de la saga hollywoodense “Piratas del Caribe”, protagonizada por Jhonny Depp, en realidad Bahamas tiene mucho que ver con los míticos asaltantes del mar. Pero no con los del cine, con los de la vida real. Su posición geográfica, sus rincones y la pléyade de islas conformaron un punto estratégico e ideal para ser la base de operaciones de los piratas por casi medio siglo. Sobre todo de los corsarios, es decir, aquellos que ejercían “la profesión” con una patente de corso otorgada por la Corona Británica. El acuerdo consistía en contar con un salvoconducto para ejercer la piratería, y a cambio una parte de su botín se debía ceder a las arcas del monarca. Y obviamente, las víctimas de los corsarios eran los buques mercantes de las potencias adversarias, especialmente de España que trataba de llevar el oro y la plata extraídos en América a Europa.
En aquella época la infraestructura colonial era muy primitiva, casi no había defensas, ni cuerpos militares ni buques de guerra suficientes para proteger el comercio.
Uno de los corsarios más famosos fue Henry Morgan. De origen galés, este marino lideró varios espectaculares asaltos y ataques en el Caribe español y contra las colonias hispanas de Centroamérica, incluso uno a la ciudad de Panamá, en 1670. Esta acción le valió, justamente, obtener el título de caballero. Meses después y ya convertido en Sir, se estableció en Port Royal (Jamaica) como vicegobernador y hacendado, dirigiendo una plantación de caña de azúcar.
En la isla de Andros, en Bahamas, se encuentra una elevación que se llama Morgan’s bluff en homenaje a este corsario y a una estratagema común entre los malvivientes de los mares. En realidad, era una modalidad propia de los wreckers (destructores). El método era sencillo: una banda pirata colocaba un farol que obviamente terminaba por atraer a algunos barcos incautos que se acercaban suponiendo que se trataba de náufragos caídos en desgracia. En realidad los faroles se ponían en puntos visibles pero cercanos a costas irregulares y con arrecifes. Al acercarse el barco-víctima encallaba y era entonces cuando los piratas aprovechaban la ocasión para asaltarlo. Se supone que en esa singular colina de Andros, en alguna ocasión, Morgan hizo de las suyas, aunque al parecer la afirmación pertenece más al campo de la leyenda que de la historia.

LA ERA DORADA.
En realidad, Bahamas fue colonizada por los británicos, desde 1670, que imaginaron el archipiélago como una suerte de última escala en las rutas comerciales que llevaban las riquezas de América al Reino Unido. La capital nació como Charles Town y en poco tiempo se convirtió en base de la piratería caribeña.
Tanto fue así, que en 1695 una flota española de guerra decidió escarmentar a los piratas y destruyeron la ciudad en un ataque. La economía que devenía del accionar ilícito de los piratas y filibusteros condujo a que la ciudad fuera reconstruida rápidamente y volviera a ser el antro que había sido anteriormente pero cambiando de nombre. Nassau, proviene justamente del apellido del monarca británico del momento: Guillermo III de Inglaterra, perteneciente a la Casa Orange-Nassau.
Una segunda flota española, esta vez acompañada de navíos franceses (país que también sufría de los ataques piratas), trató de escarmentar a la ciudad y la arrasó nuevamente en 1703.
La capital de Bahamas fue nuevamente reconstruida y volvió a ser elegida como base para los piratas que, desde el archipiélago, se lanzaban hacia el sur para interceptar los barcos cargueros repletos de tesoros, riquezas y productos de valor.
Las quejas por el accionar pirata se fueron incrementando, incluso entre los prósperos comerciantes británicos que también se veían amenazados y despojados de sus riquezas. Finalmente la corona decidió tomar cartas en el asunto. Actualmente, en la entrada del British Colonial Hilton Nassau se encuentra una humilde estatua que recuerda al “Restaurador del orden”. Se trata de Woodes Rogers, designado gobernador de Bahamas por la monarquía británica en 1718. Siendo un excorsario (participó de un legendario ataque a la Guayaquil hispana en 1709), el nuevo representante de la autoridad ofreció una amnistía generalizada a quienes se aviniesen a renunciar a la piratería, o al menos a no ejercerla desde Bahamas. Algunos aceptaron la oferta, otros en cambio decidieron plantar batalla. En un breve combate naval, Rogers impuso el poder de fuego de sus cuatro navíos de guerra a una improvisada flota pirata. Unos 300 malvivientes se rindieron y los que no lo hicieron, huyeron. En pocos meses, el gobernador había logrado acabar con la piratería en Bahamas y restituir el orden y la autoridad británica.

HUELLA IMBORRABLE.
Sin embargo, ese medio siglo de oro de la piratería en Bahamas dejó su huella imborrable en la historia y la memoria colectiva. De hecho, varios ladrones de los mares se han labrado extensas leyendas. Sin duda alguna uno de los más famosos es Barbanegra. Nacido como Edward Teach, era un hombre de gran estatura y eso constituía su marca diferencial: aterrorizaba a compañeros y víctimas de igual modo. El filibustero incrementaba esa feroz apariencia dejándose crecer una tupida barba negra y colocándose unos palillos encendidos (unas largas y delgadas velas) bajo el sombrero. La imagen de este pirata sobre el puente, fumando pipa y blandiendo una espada y una pistola era ya suficiente para que los barcos interceptados se rindieran. Si así lo hacían, el asalto se realizaba de modo pacífico y los filibusteros se alzaban con el botín sin derramamiento de sangre. Si en cambio el barco escogido trataba de huir u oponía resistencia, el salvajismo de Barbanegra no tenía límites. Mientras hizo de Nassau su base, Teach llegó a ser elegido “magistrado” por los otros piratas: es decir una suerte de juez que dirimía en las disputas entre los malvivientes. Este respeto de sus colegas no solo se cimentó en su actividad intensa sino también en algunos otros hechos como el de haber derrotado al menos a un barco de la Royal Navy cuando se cañoneó con el HMS Scarborough. Con su accionar, Barbanegra llegó a convertirse en comodoro, es decir, capitán de capitanes, comandando su propia flota pirata compuesta de al menos cuatro barcos y cerca de 400 marineros.
Los puertos de las colonias británicas de América del Norte sufrieron el azote de Barbanegra que operaba desde Nassau.
Sorprendido con solo uno de sus navíos, el Aventura, debió enfrentar una flotilla de cuatro buques de la Royal Navy. Su barco quedó encallado en un banco de arena, Barbanegra se preparó a luchar hasta morir. Las crónicas de su final hablan de que recibió 25 heridas en total, incluidas cinco producidas por disparos de armas de fuego. La flotilla británica retornó al puerto de Hampton (Virginia) con la cabeza del pirata colgada de uno de los mástiles.

UN TRIO CELEBRE.
La nómina de piratas célebres de Bahamas continúa, en realidad, con tres malvivientes cuyas historias son indivisibles. Resulta imposible relatar la historia de Calico Jack sin hablar de sus dos mujeres: Anne Bonny y Mary Read.
Jack Rackham era miembro de la tripulación de otro pirata, Charles Vane. Cuando éste se negó a atacar un barco francés la marinería se amotinó y le sustituyó al mando del “Tesoro” por Rackham.
Devenido en capitán pirata, Calico Jack aceptó el perdón real de la Corona Británica y se estableció en Nassau. Sin embargo allí conocería a una mujer casada de la que se enamoraría perdidamente: Anne Bonny. Enterado de la relación, el gobernador amenazó con azotar a la mujer por adúltera. La pareja decidió, entonces, huir. Sin embargo, las creencias marineras no eran propicias a que una mujer integrara la tripulación. De modo que durante un tiempo Anne se vistió de hombre y adoptó el nombre de Adam Bonny.
En uno de sus ataques a un barco mercante británico, Calico reclutó nuevos piratas para su nave. Entre ellos a Mark Read. Este “joven” rápidamente se hizo amigo de Bonny despertando la ira y los celos de Calico. Sin embargo, cuando amenazó de muerte a la pareja, Bonny terminó revelando el secreto que había descubierto hacía un tiempo: Mark era en realidad otra mujer, Mary, que también vestía como ella, ropas de hombre.
El trío navegó el Caribe cometiendo tropelías hasta octubre de 1720.
Uno de los barcos de la flota de Woodes Rogers, el gobernador británico mandado a Bahamas para poner orden, capturó cerca de Jamaica al barco pirata y su tripulación que casi no opuso resistencia: la mayoría estaban completamente borrachos. Cuenta la leyenda que en esa instancia, justamente las mujeres, Mary y Anne, fueron parte del único grupo que blandió las armas ante el ataque de los marinos de la Royal Navy. Calico, en cambio, trató de ocultarse en la bodega del navío.
Juzgado y condenado, Calico Jack fue ahorcado en 1720 junto con varios integrantes de su tripulación. A ambas mujeres se les perdonó la vida porque adujeron estar embarazadas. Mary Read enfermó en prisión y murió antes de poder dar a luz, en 1721. Anne, cuyo padre disponía de poder económico, intercedió junto con un procurador para “comprar” la libertad de su hija. Bonny desapareció de los archivos oficiales y no se supo más de ella. Algunas leyendas dicen que recuperó la libertad y volvió a vivir junto a su padre bajo un nombre falso. Otras dicen que retornó a Nassau junto a su marido y una tercera versión asegura que, a modo de redención, se ordenó como monja.

LOS TESOROS.
”Desdichado de aquel que encuentre mis innumerables tesoros, ya que no habrá barco alguno que pueda cargarlos a todos”, dicen los cronistas que afirmó Calico Jack con la soga al cuello, segundos antes de ser ejecutado. Si las andanzas piratas son legendarias, el producto de esa actividad, los tesoros capturados a barcos españoles, franceses, portugueses, holandeses e incluso británicos, son aún más grandilocuentes. De hecho la iconografía pirata está asociada a la imagen de una tripulación bajando cofres a tierra y enterrándolos en una remota y paradisíaca isla. Con más de 700, Bahamas fue el sitio ideal para ocultar esos tesoros.
Cat Island, una de las más importantes del archipiélago, tiene sus leyendas propias al respecto. De hecho su nombre homenajea a un capitán pirata: William Catt. Y de hecho, también se afirma que Morgan habría ocultado su tesoro en la isla de Andros.

RASTROS PIRATAS HOY.
Buena parte de los atractivos de Bahamas tiene que ver con ese pasado pirata. La construcción de fortificaciones, que remontan casi todas a finales del siglo XVII, es consecuencia directa del accionar de los filibusteros. La principal defensa de Nassau es Fort Charlotte, construido en 1788 en la cima de una colina desde donde se domina el puerto y buena parte de la ciudad. En su época de gloria la fortificación disponía de 42 cañones, además de fosos y calabozos.
El sistema defensivo de Paradise Island se completa con otros dos fuertes: el Fincastle y el Montagu. Al primero de ellos, también erigido sobre una elevación, se accede a través de la avenida Elizabeth o subiendo las denominadas “Escalinatas de la reina”. El Fort Montagu es el más antiguo de todos porque data de 1741 y está ubicado sobre un cabo en el extremo de la zona portuaria de Nassau.
En Harbour Island existe otra fortificación, el Viejo Fuerte, construido por el pirata Charles Vane. Sus cañones hoy semienterrados, antiguamente controlaban el canal de Harbour Mouth.
Durante la era dorada era muy común que muchos piratas fueran y volvieran, es decir que dejaran sus tropelías de lado y se convirtieran en honrados comerciantes (aunque luego muchos reincidieran). Tal es el caso de John Howard Graysmith, que en 1740 abandonó la vida filibustera para establecerse en Nassau, luego de que su navío el “Graywolf” se hundiera cerca de Paradise Island. En 1726, el malviviente rehabilitado creó el Graycliff, la primera posada de Nassau. Convertida con los años en restaurante, el sitio siguió con el paso del tiempo teniendo una historia rica e intensa. Durante la Guerra Civil estadounidense, el Graycliff sirvió de refectorio para oficiales del Regimiento de las Indias Occidentales y su sótano de prisión temporal. Años después, la propiedad de la posada pasó a manos de Polly Leach, ligada sentimentalmente al gángster Al Capone. Hoy el Graycliff es el único restaurante cinco estrellas de Bahamas y fue incluido en la lista de los 10 mejores del mundo por la serie de TV “Lifestyle of the Rich and Famous”.
Por último, estar semanas y semanas en altamar solo era posible acumulando la cantidad necesaria de víveres y, sobre todo, de agua potable. En tal sentido, Bahamas le proveía a los piratas al menos dos fuentes naturales donde reabastecerse. Una de ellas en la isla de Andros, la denominada “Mariner’s well”, la otra está en el sur de las Biminis, denominada, justamente, “Pirate well”.

TIPS PARA EL VIAJERO.

 Cómo llegar: el modo más directo hoy de arribar a Bahamas es utilizando los vuelos de Copa, que conectan Buenos Aires con Nassau, vía Panamá, cuatro veces a la semana (sábados, lunes, miércoles y jueves).
 Hotelería y servicios: Bahamas se ha convertido en un destino turístico de primer nivel, lo que significa que desde el punto de vista de la infraestructura turística la propuesta es completa. Se pueden encontrar hoteles accesibles, pero también algunos de los resorts más suntuosos y costosos del mundo. Lo mismo sucede con la gastronomía, se puede acceder a locales de grandes marcas cerca de los hoteles (cafeterías Starbucks, por ejemplo), de comida tradicional caribeña en Nassau y restaurantes más populares en Arawak Cay.
Otras actividades: todas las actividades náuticas cuentan con un especial desarrollo en Bahamas. Sin embargo, entre ellas, se destaca singularmente el buceo enmarcado por un escenario submarino inmejorable y aguas transparentes. En casi todas las playas existe la infraestructura necesaria para tomar clases o, directamente, para alquilar equipos y armar una excursión de buceo. En total, hay 60 sitios de buceo relevados en 10 islas (Abacos, Andros, Bimini, Cat, Eleuthera/Harbour, Exumas, Grand Bahama, Inagua, Long, Nassau/Paradise y San Salvador). La variedad incluye barreras coralinas, cuevas submarinas, vida marina inusual, naufragios y hasta ruinas. Dos de los lugares más llamativos: el modelo a escala real de un bombardero Vulcan puesto bajo el agua para una escena de la cuarta película de la saga de James Bond 007, "Thunderball", de 1965. El otro sitio realmente extraño son las ruinas submarinas de muros y edificaciones cercanas a las islas Bimini.

Piratas de Nassau

En Nassau se encuentra un singular museo. No solo por el tema sino, especialmente, por el modo en que lo relata: de un modo muy didáctico. Además de las consabidas piezas de museo (espadas, armas varias, ropas y objetos, todos del siglo XVII), el sitio ofrece escenificaciones sorprendentes. De hecho, se ingresa al museo por una "dársena" a cuyo lado se encuentra anclado un buque de tamaño natural. Los sonidos y la escenificación completan la ilusión: uno camina por el puerto de Nassau en la era dorada de la piratería. El recorrido también pasa por las entrañas de un navío para conocer las bodegas. La propuesta se completa con dioramas y otras escenificaciones que muestran hitos en la historia de los piratas de Bahamas. Barbanegra, Calico Jack, Charles Vance, Henry Morgan y Woodes Rogers, forman parte de esos episodios relatados.
El museo se encuentra en la esquina de King y George Street. Se encuentra abierto al público de lunes a sábados de 9 a 18 y domingos de 9 a 12. La entrada para adultos cuesta US$ 12, mientras que los menores abonan la mitad.

 

 

Bahamas y sus playas

Sin duda alguna el principal capital turístico del archipiélago son sus fabulosas islas. La lista es larga y la variedad también es importantes. En casi todos los casos, las playas de Bahamas se posicionan entre las más clásicas, entre las más parecidas al imaginario popular de la playa caribeña.
Sin salir de la isla de Nassau (comunicada por vía carretera con la de Paradise) existen varias opciones como la Explanda Occidental, Goodman's Bay, Saunders, Orange Hill, Delaporte, Sandyport, Cabbage y Montagu. Si el objetivo es recorrer todo el archipiélago, en cada rincón se pueden encontrar playas y de distinto tipo. Algunas resultan ideales para realizar actividades como las de Lucayan, Taino o Smith's Point, en Gran Bahama; Regatta Village o Pleasant Bay, en Andros; la de Surfer's, en Eleuthera; o Columbu's Harbour o Deal's, en Long Island. Otras en cambio son mejores para descansar al sol tranquilamente como Fortune y Gold Rock, en Gran Bahama; Summer Set, Love Hill y Nicholl's Town, en Andros; Fountain Bay y Old Bight, en Cat; Lighthouse en Eleuthera; Pelican o Three Sisters, en Exumas; Cape Santa Maria Bay y Love, en Long Island.
Un párrafo aparte merece la que quizás sea la playa más conocida de Bahamas: Pink Sand Beach. Se trata de una franja de 5 km. de largo y 15 ó 20 m. de ancho situada en Harbour Island con arenas que tienen una singular coloración rosada. Ese tono lo brindan unos microscópicos protozoos denominados foraminíferos. En realidad estos animales minúsculos cuentan con una caparazón rosada y habitan el vecino arrecife conocido como "Devil's Backbone". Tras morir, la acción de las olas deposita los caparazones ya vacíos sobre la costa y los va erosionando con su juego de idas y vueltas. Eso va formando el polvillo rosa que da color a la arena de Pink Sand.
Esta playa fue elegida entre las "Mejores playas del mundo" por el Travel Channel, en 2005.