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Diez razones para visitar La Rioja este verano
Por Nicolás Bruno Panno     |  
18 de Septiempre de 2012

Vinos, deporte, cultura, gastronomía y celebraciones forman parte de una amplia gama de motivos para pasar unos días de descanso entre las sierras riojanas.

El sol siempre pega lindo en La Rioja y las maneras de disfrutarlo pueden ser muchas: acompañados de un buen vino y degustando los frutos locales más sabrosos, desarrollando actividades al aire libre, tomado excursiones a parajes recónditos o simplemente investigando sus pintorescos pueblos.

VINOS ARTESANALES.
La producción vitivinícola tiene una cultura muy arraigada en La Rioja, al punto que se considera de las provincias más antiguas, junto a Santiago del Estero, en desarrollar esta actividad (hacia el año 1600). Por ello no sorprende que la Ruta del Vino Artesanal constituya una original propuesta.
Así, en la zona conocida como “La Costa”, al norte de la capital riojana, hay una sucesión de pueblitos donde las pequeñas bodegas familiares han conformado un circuito turístico.
La iniciativa abarca ocho establecimientos en Sanagasta, Huaco, Agua Blanca, Aminga, Anillaco, Los Molinos, Anjullón, San Pedro y Santa Vera Cruz. Allí se encuentran estos productores de vinos caseros, quienes se valen de técnicas heredadas y hacen de su labor una experiencia para compartir con los visitantes.
Por ejemplo, una de esas bodegas es la finca Lomas Blancas (Sanagasta), cuyo origen data de 1856, con una reapertura en 2004. Allí el vino es elaborado con uvas torrontés (según se dice la cepa original proviene de La Rioja, aunque luego provincias como Salta la hayan explotado), conjugando métodos tradicionales y nuevas prácticas enológicas. En su entrada hay una colección de objetos antiguos relacionados con la elaboración y el envasado de la bebida.

CARROVELISMO.
Al sudeste del departamento de Arauco, a 90 km. de La Rioja, está El Barrial, una reseca planicie de suelo arcilloso donde hace miles de años existió una gran laguna.
Además de ser un hermoso paraje, esta área de tierra resquebrajada (de 7 km. de largo y 4 km. de ancho) es el mejor lugar de Argentina (y uno de los mejores lugares del mundo, según los más avezados) para practicar deportes de viento.
El carrovelismo se practica en una especie de piragua rodante para una o dos personas, con una amplia vela izada; mientras que otra modalidad, el kitebuggy, se disfruta sobre un triciclo impulsado por un parapente que recibe los constantes vientos de la zona, que en ocasiones superan los 50 km/h.
Allí mismo, la municipalidad de Arauco realizó una importante obra de infraestructura turística, denominada “Vientos del Señor”, que comprende un complejo de cabañas, asadores, quinchos y hornos de barro. Las actividades se promueven de forma gratuita para los que recién se inician, con la ayuda de expertos.

ANILLACO.
Sin duda Anillaco cobró relevancia a nivel nacional al tratarse del lugar de nacimiento de Carlos Menem, ex presidente de la Nación, quien todavía posee allí su residencia particular, llamada La Rosadita. Pero esta pequeña villa de la Costa Riojana tiene más.
El atractivo principal es la iglesia de San Antonio, obra de Casimiro Godoy, levantada en 1862 y actualmente reformada, con muros de piedra, fachada neoclásica y un campanario de hormigón que reemplaza al original. El templo cuenta con dos detalles curiosos: detrás del altar hay dos ángeles, obra del uruguayo Carlos Páez Vilaró, y en su frente hay un reloj pintado.
En el rubro vitivinícola, hay que decir que la bodega Menem, creada en 1929 en el valle de Aminga, a partir de 1998 es conocida como Bodega San Huberto y está dotada con la más alta tecnología en maquinarias de elaboración y envasamiento. Allí se elaboran vinos blancos y tintos como chardonnay, torrontés, malbec, cabernet sauvignon, merlot y syrah.
En cuanto a hotelería, en Anillaco se destaca el establecimiento perteneciente al Automóvil Club Argentino.

EL PUCARA DE HUALCO.
El sitio arqueológico del Pucará de Hualco, en el departamento de San Blas de Los Sauces, fue inaugurado el último verano, precisamente el 30 de enero pasado.
Sobre la ladera del cordón de Famatina, las ruinas del Pucará son el testimonio de una antigua ciudad al estilo de las fortalezas precolombinas, reflejando el paso de muchos pueblos de la cultura diaguita.
En la entrada está el centro de interpretación, construido con el objetivo de transmitir la importancia del legado aborigen en la identidad riojana, así como para comprender la geología y el bioma de esta reserva cultural y natural. Las instalaciones exhiben elementos como vasijas, figuras de cerámica, urnas funerarias y puntas de flecha que revelan la existencia de tribus que habitaron la zona entre los años 700 y 1000 d.C.
El servicio se complementa con un capacitado cuerpo de guías e informantes turísticos, integrado por jóvenes locales.

FINCA HUAYRAPUCA.
Las remozadas casonas de la Finca Huayrapuca, inmersas en el valle de Famatina, encierran una valiosa experiencia turística y gastronómica.
A comienzos del siglo XX, la finca era el punto de salida de arrieros que llevaban mercadería en carros tirados por mulas, desde el valle hacia Chilecito. Es decir, se trataba de una antigua empresa de transporte. Hoy en día no sólo es una de las principales productoras de nueces a nivel provincial sino que también ha extendido su propuesta al turismo.
Para conocer los pasos de la producción, se empieza con un recorrido por el predio, entre los nogales. Luego se visita el secadero de nuez con cáscara y el salón de quebradero manual, extracción de la pulpa y envasado. Allí están las encargadas de seleccionar el mejor producto. Por último, sólo queda degustar algunos de estos crocantes frutos para simplemente corroborar que todo el proceso valió la pena.
El establecimiento también ofrece excursiones en jeeps y cuatriciclos con choferes guía hacia algunos de los atractivos más cercanos, como La Mejicana y Lavadores de Oro.
Por otra parte, Huayrapuca cuenta con un puñado de habitaciones donde, además de típicas comodidades, los pasajeros encontrarán mullidos ponchos a modo de amenities, los que podrán utilizar en el caso de un día frío. Las estadías incluyen un desayuno con infusiones, queso de cabra y dulce casero, entre otros servicios.
Por más que los viajeros no se alojen es imperativo cenar aquí, ya que se presenta un completo menú de especialidades que combinan lo autóctono y lo gourmet, en base a sabores realzados con vinos, frutos y hierbas cosechadas en el mismo predio.
Asimismo, además de todas sus variedades de nueces, en Huayrapuca se venden frutas en conserva (ciruelas, duraznos, peras y quinotos), aceitunas y tomates secos.

EL CABLECARRIL.
Las sierras de Famatina presentan un conjunto de yacimientos mineros que explotaron las numerosas vetas de oro, plata y piritas cobrizas que atraviesan la zona. Los trabajos más relevantes se iniciaron en 1850 y se mantuvieron hasta la segunda década del siglo pasado.
En este contexto, el famoso Cablecarril, declarado Monumento Histórico Nacional, es una magnífica obra de ingeniería construida para dinamizar el transporte del producto (antes se hacía a lomo de mulas), uniendo la ex estación de ferrocarril de Chilecito con la mina La Mejicana (a 4.600 msnm), en un recorrido de 34 km. que salvaba 3.500 m. de desnivel entre la primera y la última parada.
Impulsado por Joaquín Víctor González y levantado en 1905 por la firma alemana Bleichert & Co., el Cablecarril contaba con 262 torres, 9 estaciones y 650 vagonetas que se desplazaban a 40 km/h, suspendidas en cables que se movían gracias a la acción de motores a vapor.
La Estación 1 alberga actualmente el Museo de la Minería “Dr. Santiago Bazán”, donde se muestran elementos icnográficos, planos, herramientas, minerales, vestimenta, fotos y libros.
Las excursiones para conocer esta obra salen desde Chilecito y desde Famatina, para seguir el tendido del cable a pie, a caballo o en vehículos 4x4.

LAVADORES DE ORO.
También en las cercanías de Famatina, no se debe pasar por alto la posibilidad de tomar una excursión para conocer a los “lavadores de oro”, productores mineros dedicados a la recolección del valioso metal.
Las camionetas 4x4 son el único tipo de vehículo capaz de afrontar el sinuoso camino de piedras hasta el valle donde vive la familia Caliba, encabezada por José y Graciela, quienes con humildad y simpatía se enorgullecen en ser los últimos “pirquineros” de la zona. Si bien puede sonar tentador ser un buscador de oro, en realidad se trata de una economía de subsistencia, ya que en un mes los Caliba obtienen apenas siete u ocho gramos de oro que venderán en Chilecito o La Rioja.
Pero el metal más preciado de la historia está allí, dentro de las rocas, en forma de ínfimos gránulos, y Graciela Caliba comparte el proceso de obtención. Con una pala, la experta va derramando arenilla de roca sobre una corriente de agua en la que se filtran los elementos más pesados; luego vierte ese contenido en su chaila (una especie de plato ligeramente ahondado) y de a poco va despejando los sobrantes; el oro se encontrará escondido en el fondo debido a su peso específico. Cuando todos los excursionistas están a la expectativa de un fulgor dorado entre grises, Graciela realiza un par de pases mágicos y las chapitas amarillas aparecen y se multiplican. En ese momento, nadie esconde su asombro y todos sacan decenas de fotos, en una nueva versión de la fiebre del oro.

LAGUNA BRAVA.
En el oeste, a 450 km. de la capital, cerca del límite con Chile, la reserva Laguna Brava constituye un santuario natural en plena cordillera de los Andes. Para llegar aquí, la pequeña población de Jagüé, en el departamento de Vinchina, es el punto obligado de partida.
La travesía se realiza con un baqueano que oficia de guía. Al arribar, las lomadas policromáticas, la fauna salvaje, la laguna ovalada y los altos picos (como el Bonete Grande y el Pissis), arman una postal única.
Además de comunidades de vicuñas y guanacos, en la reserva suelen haber otras especies: palomas cordilleranas, patos chorlos y barcinos, águilas moras, halcones y algunos reptiles. De igual modo, en primavera y verano arriban las grandes colonias de flamencos rosados para cumplir con sus rituales de procreación.
Vale mencionar que las aguas salobres de la laguna Brava, que no superan los 80 cm. de profundidad, se extienden por 17 km. de largo y 4 km. de ancho.

LA CHAYA.
La fiesta chayera es la colorida versión carnavalesca de la ciudad de La Rioja, donde resurgen viejas tradiciones locales en un entorno de algarabía total. En este marco, la expresión cultural más arraigada son los topamientos barriales, una escena que se repite en decenas de locaciones y cuyo ritual busca exorcizar las penas.
Desde temprano, en una plaza, una esquina o una casa, se prepara una celebración que incluye comidas típicas, bailes y elementos folclóricos. Los niños y jóvenes del barrio se acercan al lugar designado y festejan a su modo, rociándose con agua y harina, siempre llevando un ramito de albahaca sobre una de sus orejas.
En horas del atardecer llega el momento del topamiento propiamente dicho, un encuentro casi teatral que recoge elementos de la trágica leyenda protagonizada por la bella india de nombre Chaya y su enamorado, Pujllay, un aventurero muchacho de una tribu rival.
Si bien otros pueden ser más multitudinarios, se recomienda presenciar el ritual del Barrio Parque Vargas, ya que cumplimenta religiosamente todos los pasos que atañen a la ocasión.
Esto se complementa con el festival que tiene lugar en el Estadio del Centro, donde hay espectáculos durante varias noches.

NUECES Y OLIVAS.
En casi toda la provincia el turista puede encontrar y degustar exquisitas aceitunas y nueces, frutos que identifican a La Rioja y están presentes en la mesa cotidiana.
En cuanto a las olivas, la provincia cuenta con un tipo natural propio, denominado Variedad Arauco, que suele destacarse del resto por su gran tamaño y particular sabor. Las aceitunas se cosechan verdes o maduras (negras), para ser consumidas de manera tradicional, en pasas, en conserva y en salmuera. A ello se suma su principal derivado: el aceite, elaborado y envasado en plantas que utilizan técnicas artesanales e industriales.
La otra mención especial va para las famosas nueces riojanas, de alto valor nutritivo, que se comercializan con cáscara o bien sólo su pulpa, aunque una de las maneras más deliciosas de comerlas es en versión confitada y con dulce de leche. Las plantaciones locales producen distintas variedades: criolla, california, chandler, ashley y tehama; todas con calidad de exportación, debido a que los nogales se adaptan perfectamente al clima y al suelo riojano.