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Copa Mundial de la FIFA
La pasión futbolera se suma al encanto de los zares
Por Redacción Ladevi   |  
20 de Marzo de 2018

Estamos en la cuenta regresiva para el inicio del Mundial de Fútbol Rusia 2018 y desde Viajando te contamos todo sobre las ciudades sede donde se desarrollará este importante evento deportivo. Desde Ekaterinburgo a Volgogrado, pasando por Moscú y San Petersburgo, los imperdibles para combinar turismo con pasión futbolera.

Rusia abre los brazos como sede de la próxima Copa Mundial de la FIFA y ofrece a todos lo mejor que tiene. Cada ciudad pondrá a disposición de los viajeros, de diversas maneras, toda su infraestructura, pero también lo mejor de un pasado que claramente se sintetiza en tres períodos que se superponen e interactúan: la Rusia Medieval, la Imperial zarista y la Soviética.

En esta nota presentamos lo mejor de cada sede de la A a la Z; o mejor dicho, desde Ekaterinburgo a Volgogrado. Vale aclarar que los grupos no disputarán los partidos en un solo lugar, sino que irán rotando por diversas ciudades. Y que, tras superar la etapa de grupos, hay estadios que no se volverán a “utilizar”; tal es el caso de los de Ekaterinburgo, Kaliningrado, Saranska y Volgogrado. En ese esquema piramidal, el partido por el 3° puesto se jugará en San Petersburgo y la final en el estadio Luzhnikí, de Moscú.

EKATERINBURGO.

Situada en el centro-oeste de Rusia, un paseo por esta urbe incluye una serie de edificios que evocan el esplendor del pasado imperial, como la residencia del Gobernador de Sverdolvsk, que data de 1818; y la casa Sevastyanov, de 1863.

Sin embargo, Ekaterinburgo es una de las joyas del movimiento arquitectónico denominado “constructivismo ruso” (1928-1934). Algunos de los grandes exponentes son la Ciudadela de la Salud, el Complejo Casas de la Justicia, la Casa de la Sociedad de los Viejos Bolcheviques y la Casa de la Comunicación.

KALININGRADO.

Situada en el occidente de Rusia, es quizás la menos rusa de todas las ciudades de este país. Hasta 1945 perteneció a Alemania y hasta hoy guarda esa impronta. Una de sus propuestas más interesantes es la “Ruta de los castillos teutónicos”, que incluye el de Valdau –que data de 1258–, Georgenburg, Neuhausen, Brandenburg, Balga, Shaaken y Ragnit.

KAZÁN.

Se localiza a orillas del río Volga y fue fundada por los búlgaros en 1005 como puesto fronterizo. Tras medio siglo de dominio mongol, en 1552, Iván el Terrible la ocupó para incorporarla definitivamente a Rusia. El Kremlin de Kazán, del siglo XVI, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2000.

En 2009 fue designada la “Tercera capital de Rusia”, además de albergar una de las mezquitas más grandes de Europa, la de Qul Sharif. Allí se profesa el islam desde el 900; sin embargo, la urbe sigue ligada a la cultura tártara (mongola). Algo de esta rica historia y tradición se puede ver hoy en el Museo Nacional de la República de Tatarstán.

MOSCÚ.

Esta gran metrópolis moderna fue fundada en 1147. Capital histórica del país con excepción el período imperial zarista, el Kremlin de Moscú es sede del actual gobierno ruso y fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Por eso cualquier visita a la ciudad debe comenzar justamente por allí, por su ciudadela y la vecina Plaza Roja. A la vera de ella se encuentra la Catedral de San Basilio, que data de 1561; y muy cerca irrumpen el Museo Nacional de Historia y el Mausoleo de Lenin.

De larga tradición cristiana, existen en Moscú una larga lista de templos entre los que se destacan el Monasterio de San Daniel, (construido en 1282), el de San Pedro, el Novodévichy (Patrimonio de la Humanidad desde 2004), y los de la Trinidad y San Sergio.

De la era soviética datan otras bellezas arquitectónicas como la serie de rascacielos denominados “Las siete hermanas”, porque se trata de siete moles de similar diseño y que incluyen a la Universidad Estatal de Moscú y el Hotel Ucrania, entre otros.

A su vez, la capital rusa atesora importantes museos, colecciones y salas de teatro, como la Galería Nacional de Arte Tretyakóv, el Museo de Bellas Artes Púshkin y el Teatro Bolshói.

NIZHNI NOVGOROD.

Esta sede se localiza en la confluencia de los ríos Volga y Oká. Entre 1932 y 1990 llevó el nombre de Gorki, en homenaje a uno de los mayores literatos rusos de todos los tiempos: Máximo Gorki. El lugar conserva la denominada Casa Kashirin, donde nació y vivió el escritor.

La ciudad data de 1221 y debió soportar el castigo de las tribus y ejércitos tártaros que la quemaron en varias ocasiones. Pese a eso, siguen en pie antiguas iglesias como la de Uspénskaya, la de Ilínskaya y la de Stróganovskay.

La calle principal de la ciudad es la populosa Bolshaya Pokrovskaya, que alberga el paseo de las esculturas de bronce, el Palacio del Trabajo, la Casa Frolov y el Teatro Educativo.

ROSTOV DEL DON.

La ciudad se localiza sobre el río Don, cerca de la desembocadura del mar de Azov, y se comunica a su vez con los mares Caspio, Báltico y Blanco.

Situada en una confluencia de rutas comerciales, siempre fue estratégica para el intercambio de mercaderías.

Uno de los edificios más sobresalientes es la Catedral de la Virgen de la Natividad, construida entre 1860 y 1887; y la Catedral de la Resurrección, de 1719, en la vecina Starocherskassk.

SAMARA.

Localizada en el suroeste de Rusia, sobre el río Volga y vecina a los montes Zhigulí, es un importante enclave industrial del país. Uno de los paseos más atractivos consiste en caminar por el llamado Arbat de Samara: una calle peatonal con fuentes, maceteros, bancos y artistas.

Algunos de los edificios más relevantes son el Museo Memorial de Literatura, llamado “Máximo Gorki”. Otro artista famoso relacionado con Samara es el compositor Dimitri Shostakovich, que en estas tierras terminó su Séptima Sinfonía y la estrenó en el Teatro de la Ópera y el Ballet de Samara.

SAN PETERSBURGO.

Si Moscú es la capital rusa actual y de la Era Soviética, San Petersburgo fue la elegida por los zares durante 200 años, a partir de la llegada al poder de Pedro I en el siglo XVII. Junto a los zares, se instaló allí la aristocracia rusa, que le dieron esplendor a la ciudad y una identidad barroca y neoclásica en sus edificios.

Aun hoy se puede visitar una de sus construcciones más antiguas: la Fortaleza de San Pedro y San Pablo. A la que se suman los palacios como el de Invierno, el Peterhof (residencia del zar), el de Catalina, el Stroganov, el Museo del Hemitage, la Catedral de San Isaac y la antigua Bolsa de Valores de la ciudad.

Cabe recordar que durante la etapa soviética fue rebautizada como Leningrado, aunque el apodo más romántico es de la “Venecia del Norte”, debido a los canales que la atraviesan y sus más de 400 puentes.

SARANSK.

A casi 700 km. al este de Moscú, la ciudad toma el nombre del vecino río que la baña. Aunque data de 1641, los viejos edificios históricos conviven con los planificados más recientemente durante la era soviética.

Uno de los símbolos de la urbe es el monumento a los soldados caídos durante la Segunda Guerra Mundial, ubicado en la Plaza de la Victoria. Algunos de las construcciones más antiguas son las iglesias de San Nicolás, de fines del siglo XIX; la del Nacimiento de San Juan Bautista y la de Santa Trinidad, de 1700.

SOCHI.

Esta pequeña localidad nació como un fuerte militar –recién con la guerra ruso-turca de 1829 se integró a Rusia– y evolucionó como ciudad balnearia y turística. Allí vacacionaba Stalin y hoy lo hacen más de 4 millones de turistas por año.

La llegada del ferrocarril dotó a la región de excelente conexión y el surgimiento de importantes inversiones hoteleras cambiaron la zona.

Justamente, la estación es uno de los puntos a conocer, data de 1950, y es similar a la Sinferopol.

El puerto es otro sitio visitable y atractivo por sus galerías, escaleras anchas, arcos y paseos ribereños. Además, Sochi invita a la práctica de rafting, mountain bike y cabalgatas.

VOLGOGRADO.

Algunos de los momentos más duros de la metrópolis se vivieron durante la Segunda Guerra Mundial cuando, bajo el nombre de Stalingrado, fue escenario de la batalla más dura y cruenta de todo el conflicto. Hoy, en la cima de una colina vecina se eleva una enorme estatua de 105 m. que homenajea a los caídos en dicha batalla.

Luego del conflicto la ciudad debió reconstruirse y comenzar de nuevo. Algunos de los atractivos que se pueden visitar son la obra hidráulica del canal Volga-Don, que incluye arcos y exclusas, el Museo del Canal de la ciudad de Piatigorska, la iglesia flotante de San Vladirmir, el monumento de Stepán Razin y el campo de meteoritos vecino de la aldea de Tsarev (donde se recuperaron 1.225 kg. de cometas).