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Bares de Latinoamérica
Con alma citadina
Por Evangelina Paju     |  
07 de Septiempre de 2015

Es sabido que buena parte de la vida y del pulso de una ciudad pasa por sus bares. Entre sus mesas y sus barras nacen los amores y se esfuman las tristezas, se comparten secretos y se delinean cuidadosos planes para cambiar el mundo. Algunos establecimientos, sin embargo, van un paso más allá y consiguen capturar el alma de la urbe en la que se encuentran. Se vuelven emblemáticos y, de boca en boca, pasan a ser visita obligada para los viajeros curiosos. Sentados en sus mesas aprendemos parte de sus secretos, entendemos mejor a su gente, escuchamos historias invaluables y nos llevamos de recuerdo sus sabores. Aquí los invitamos a visitar cuatro bares imprescindibles en La Habana, Bogotá, Río de Janeiro y  Montevideo. 


MI MOJITO EN LA BODEGUITA.

En las paredes de La Bodeguita del Medio, bar sobre el 207 de la calle Empedrado, a metros de la espléndida Catedral de La Habana, no cabe una palabra más. Parece que todos los que por aquí pasaron estamparon sus nombres e inscripciones entre las fotos y cuadros de visitantes ilustres. Prolijamente enmarcada en un sitio de privilegio sobre la barra se destaca la frase que dejara aquí de puño y letra el mismísimo Ernest Hemingway: “Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquirí en El Floridita”. Es sabido que el Premio Nobel de Literatura era amante y conocedor de los secretos de La Habana, entonces, ¿cómo no obedecerle? Y de paso por la capital cubana, detenerse en este reducto emblemático y bohemio a probar el afamado trago haciendo propia la sentencia.

Los vasos largos con limón, azúcar, soda y una vistosa ramita de hierbabuena esperan alineados en la barra. Cuando entran los turistas, muchos de ellos apurados en medio de su excursión por el casco histórico, se agrega el ron (Habana Club, por supuesto), y los tragos están listos para la foto y el deleite de los visitantes.

Quienes llegan con más tiempo pueden ocupar una mesa al fondo y probar algunos de los platos tradicionales cubanos como los moros y cristianos, las masitas de puerco, los chicharrones o los plátanos fritos, mientras escuchan música en vivo.

Un clásico desde hace más de 70 años, este bar que mereció un poema de Nicolás Guillén, y donde el presidente chileno Salvador Allende escribió “Viva Cuba Libre, Chile espera”, sigue sumando en la actualidad visitantes ilustres, entre los que no faltan Diego Maradona y la cantante Rihanna.

Informes: www.havana-mojito.com.

ANDRÉS, EL REALISMO MÁGICO HECHO BAR.

Colombia es en el mundo sinónimo de realismo mágico, el particular estilo que narra lo irreal como cotidiano. Caminar por las calles de Bogotá o de Cartagena –pobladas de fantasmas y donde abundan las mariposas amarillas– es como transitar las páginas de una novela de Gabriel García Márquez. Sin embargo, si un sitio se parece a la materialización del realismo mágico, ése es el bar y restaurante Andrés Carne de Res.

En Chía, un suburbio en las afueras de Bogotá, el espacio se define como un “hogar encendido, paraíso pagano, mundo al revés, restaurante atípico, restaurante Locombiano, reflejo de años de trabajo y dedicación”.

Desde la carta hasta los baños, desde la entrada hasta las mesas, las barras y las pistas de baile, Andrés es un hervidero de superposiciones curiosas y precisas a la vez. Carnaval caótico de música y platos deliciosos; bizarro y único; hermoso y excesivo; es el bar y restaurante más conocido del país y un verdadero imperdible. No por nada “¿Ya has ido a Andrés?” es la pregunta que más escucha cualquier turista en la capital colombiana.

La rumba estalla sin aviso a cualquier hora del día y de la noche, los personajes aparecen y desaparecen en performances alocadas y las cámaras fotográficas no alcanzan a retener cada uno de los detalles que conforman este ambiente impar.

Arepas, patacones, mixtos de fritos, ajiacos, sopas, sancochos, parrilla, pastas, pescados, la carta es una interminable sucesión de delicias que locales y visitantes acompañan con abundante alcohol. Además del restaurante “original” existe otro en la Zona Rosa de Bogotá.

Informes: www.andrescarnederes.com.

GAROTA DE IPANEMA, EL BAR-BOSSA.

Probablemente la melodía resuena en la cabeza de miles de personas en todo el mundo cuando se pronuncia el nombre de este himno de la bossa nova. Cuenta la leyenda que corría 1962 cuando Vinícius de Moraes y Tom Jobim, sentados en un bar, tomaban cerveza y miraban pasar a una chica que se dirigía hacia la playa. La garota en cuestión era una vecina del lugar de 17 encantadores años que pasaba repetidamente por la esquina del entonces Bar Veloso. Mientras tanto, los dos artistas vaciaban repetidamente sus chops de cerveza y contemplaban cómo la vida transcurría por las elegantes calles de Ipanema.

En esa misma esquina, donde se cruzan las calles que hoy se llaman Vinícius de Moraes y Prudente de Moraes, desde 1974 el bar lleva el nombre de la afamada canción. En sus paredes, la partitura se destaca gigante entre fotos de época, retratos de sus autores y la etérea silueta de Helô Pinheiro, la internacional garota sobre la que Vinícius declaró: “Ella fue para nosotros el paradigma de la chica carioca; la joven dorada, mezcla de flor y sirena, llena de luz y de gracia, pero cuya visión es también triste, porque lleva consigo camino al mar el sentimiento de la juventud que pasa”.

Allí se puede, claro, tomar cervezas o caipirinhas picando los típicos bolinhos de bacalao, patas de cangrejo o picaña, así como apostar a una feijoada completa los fines de semana. El lugar se convirtió en un punto turístico obligado de Río, donde viajeros de todo el mundo llegan en busca del mismo clima relajado que inspiró la bossa; y los cariocas siguen viendo la vida pasar acodados en sus mesas y alimentando la leyenda.

Informes: www.bargarotadeipanema.com.

FUN FUN, NOSTALGIAS RIOPLATENSES.

Los rituales etílicos que un viajero debe cumplir en Montevideo no incluyen solamente al Medio y Medio. También es imprescindible tomar una Uvita en el Fun Fun, bar que parece resguardar la bohemia nostálgica y poética del Río de la Plata entre banderines, camisetas de fútbol, fotos, cantantes de tango y de candombe.

Los parroquianos de este establecimiento –uno de los más antiguos de la capital uruguaya, abierto desde 1895– cuentan que su fundador fue un inmigrante gallego y tartamudo. Instigado por sus amigos para poner un bar en la Ciudad Vieja, el hombre humilde e indeciso se cuestionaba “¿Fun… fun… fun-cionará?”. Así nació el nombre del boliche. Con el correr de los años el local se hizo célebre justamente por la invención de dos bebidas de fórmula secreta, el Pegulo y la Uvita; esta última se sigue elaborando con una receta celosamente guardada y debidamente patentada por los descendientes del creador.

Piazzolla, Pugliese, Julio Sosa y hasta Carlos Gardel se cuentan entre sus visitantes ilustres, junto a turistas en general que son llevados hasta allí por la recomendación de habitantes de la ciudad en la esperanza de que así comprendan algo del encanto indecible de Montevideo.

Aseguran que en 1933, después de probar el trago de la casa y quizá alentado por sus fuertes efluvios de alcohol, el mismísimo Gardel cantó un tango a capela acodado en la barra de estaño que aún se exhibe original. Antes de irse dedicó una foto autografiada que se conserva en una de sus paredes y reza: “Para el campeón de la Uvita y el Pegulo, Fun-Fun, cariñosamente, Carlos Gardel”.

Informes: www.barfunfun.com.