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La remota ciudad-mundo
Por Alejo Patricio Marcigliano     |  
12 de Octubre de 2011

¿Cultura?, ¿historia?, ¿gastronomía?, ¿compras?, ¿naturaleza?, ¿cosmopolitismo?, ¿vida urbana?... todo, la más destacada ciudad australiana y una de las grandes metrópolis del mundo lo tiene todo. A pesar de ser la más antigua de la Isla-Continente, la urbe muestra un comportamiento juvenil y dinámico, ofreciendo a los visitantes todo lo deseado, esperado y mucho más.

Es realmente difícil suponer que cuando el capitán Arthur Phillip fundó Port Jackson en 1788, una colonia penal, pudiera imaginarse que siglos después, aquella prisión singular se transformara en una de las grandes metrópolis del mundo. El militar había creado el establecimiento en la bahía de Sydney, que tomaba su nombre toponímico de Thomas Townshend, lord Sydney, ministro del Interior británico en aquella época. Quizás por ser la primera población de la Isla-Continente no dejó de ocupar nunca un lugar de privilegio como la más importante, grande y trascendente. Recién en julio de 1852, Sydney fue declarada oficialmente ciudad y Charles Chambers se convirtió en su primer alcalde.
La propuesta de Sydney tiene que ver, inequívocamente, con la experiencia urbana, con la actividad y la vida vibrante de las grandes ciudades cosmopolitas. Y todo eso, con buena onda, no en vano fue elegida para integrar el Top 10 entre las que ofrecen mejor calidad de vida. Pero hay otra serie de características que la vuelven especial. Una de ellas es la presencia de la Naturaleza, no sólo a través de sus parques y plazas, sino de los numerosos parques nacionales que la rodean y aportan una "alternativa verde" a los recorridos urbanos. Otro elemento distintivo es el acceso a casi medio centenar de playas que brindan una experiencia distinta y combinable. Y finalmente, se encuentran alrededor de la enorme bahía, en torno a Sydney, una serie de pequeños poblados y distritos que también completan la oferta turística de la ciudad.


COMENZANDO POR LOS ORIGENES.
La rada de Sydney, donde se fundó la colonia penal, sigue funcionando hoy como un pequeño puerto de ferries, que enlazan la metrópolis con localidades de los alrededores. De un lado se encuentra la península donde se sitúa el edificio de la Ópera, construido en 1973. Del otro lado se extiende el distrito conocido como The Rocks. El nombre proviene de las primeras construcciones erigidas allí, las más antiguas de la ciudad, que utilizaban una tradicional piedra que los propios prisioneros hombres extraían de las canteras. Las detenidas mujeres, en tanto, juntaban las pequeñas conchillas de las playas que se mezclaban con diversos materiales para conformar el cemento que uniría las piedras. Por apariencia, el distrito es el más europeo de toda la urbe. Los antiguos edificios fueron restaurados y hoy albergan galerías de arte, cafés, restaurantes y pubs. Justamente uno de ellos, "Los héroes de Waterloo", es considerado el más antiguo de la metrópolis.
En esta zona se localiza también el Museo de Arte Contemporáneo, cuyo acervo atesora obras de Jasper Johns, Keith Harina, Bridget Riley, David Hockney y Jean Tinguely, entre otros.


EL BARRIO CHINO.
Actualmente viven en Sydney unos 4 millones de habitantes, la mayoría de ellos descendientes de británicos e irlandeses (quienes protagonizaron la primera inmigración masiva que vivió Australia). Sin embargo, uno de los sellos característicos de la ciudad es su cosmopolitismo. Hoy es posible encontrar importantes comunidades vietnamitas, griegas, indias, italianas, iraquíes, alemanas y, sobre todo, chinas. Por eso y como otras grandes urbes, SYD tiene su propio Chinatown, que gira en torno de Dixon Street Mall. Localizado cerca del centro geográfico del ejido urbano, concentra una buena parte de una de las comunidades más antiguas de Australia: los primeros chinos emigraron en el sigo XVIII. En su interior y sobre todo los fines de semana, se monta el Paddy's Market, un imperdible como la celebración del año nuevo chino en el barrio.


PADDINGTON y MACQUARIE STREET.
Si bien tiene espacios para los rascacielos y las estructuras más modernas, SYD también lo tiene para su distrito victoriano. Se trata de Paddington, un barrio elegante, sede de importantes tiendas de ropa de moda, bares y galerías, en torno a la Oxford Street.
Otro punto de similar relevancia, aunque más antiguo, es Macquarie Street, donde se conservan una buena porción de edificios coloniales (el estatus inmediato superior que alcanzó Australia tras dejar de ser una colonia penal). Algunas de esas estructuras relevantes son la iglesia de San Jaime, las Hyde Park Barracks (antigua sede de una prisión para 600 detenidos y actualmente del Museo de Arquitectura de Sydney), la Casa de la Moneda (reconvertida en hospital) y el edificio del Parlamento, que comenzó su andadura en 1814 y hoy es un centro cultural.


DARLING HARBOUR y NEWTON
Uno de los puntos preferidos por los turistas es el Darling Harbour. Sitio de astilleros y fábricas, hace varias décadas que SYD inició un proceso de revitalización que transformó el área en una de las más buscadas debido a la abundancia de bares, restaurantes y hoteles. En esta zona se encuentra además el acuario, el casino, el Museo Nacional Marítimo y el IMAX Theatre, especialmente acondicionado para la proyección de filmes 3D.
Otro punto de atracción es la King Street, del distrito de Newton, sede de una gran concentración gastronómica, sobre todo de restaurantes étnicos. Las estadísticas cuentan que allí hay más de 50 restaurantes tailandeses.


LAS PLAYAS.
En total son más de 50 que comparten la característica de estar bien conectadas con el downtown. Se puede hacer una nómina de las más destacadas, como por ejemplo, la de Bondi, una de las más célebres. Se trata de un kilómetro y medio de finas arenas blancas y enormes olas ideales para la práctica del surf. Algo similar a lo que ocurre en la playa de Manly, situada en un estrecho istmo que separa las aguas de la bahía con las del océano Pacífico. Allí despunta el acuario, Oceanworld, donde se pueden ver tiburones, focas y arrecifes de coral.
Balmoral, al norte de SYD, es una playa tranquila y protegida del viento. Quizás estas últimas condiciones la convierten en la preferida de las familias. Esta característica es compartida por otras dos playas, la de Bronte y la de Coogee Bay, ideales para pasar la jornada, equipadas con un parque de arena, una zona de parrillas y juegos para los niños.


LA VIDA CULTURAL.
Además de tener una interesante vida nocturna, con una enorme lista de pubs y bares para conocer, SYD tiene una importantísima vida cultural. La presencia del emblemático edificio de la Ópera constituye, quizás, el botón de muestra más elocuente, pero no es el único. La ciudad es sede de reconocidas instituciones artísticas de todo tipo, y alrededor de 20 museos y galerías de arte de gran tamaño.
Curiosamente, Fox Studios abrió una sede en la ciudad en 1998, junto al Centenal Park. Allí se rodaron películas conocidas y taquilleras en los últimos tiempos como "Moulin Rouge", "Misión Imposible II", "Star Wars" -episodios II y III-,"Superman returns", y "Dark City". Los estudios pueden visitarse.

ALGUNOS TIPS

Información: la ciudad posee dos centros de visitantes que brindan asesoramiento a los turistas. Uno situado en el 33 de Wheat Road, en Darling Harbour; y otro en la esquina de las calles Argyle y Playfair, en The Rocks. La otro posibilidad es vía web: www.sydney.com.
Transportes: para los buses SYD está dividida en ocho zonas. El downtown es la "Zone 1". Los tickets pueden comprarse a bordo o de antemano en kioscos distribuidos a tal fin por toda la ciudad. Al respecto, el Sydney Pass habilita el acceso a todos los sistemas de transporte por tres días. Hay 11 líneas de ferries que unen a la ciudad con los alrededores atravesando la bahía. También dispone de un moderno y eficiente sistema ferroviario (que como curiosidad incluye un monorriel). Se puede acceder también, especialmente, al Explorer Bus, un servicio que enlaza las principales atracciones turísticas de la ciudad y no impone límites a la hora de subir o bajar con un mismo ticket.
Temperaturas: en verano oscilan entre los 18º y los 25ºC. En invierno, van de los 9º a los 17ºC.

NATURALEZA INTENSA A LA VUELTA DE LA ESQUINA

La "experiencia Sydney" es, básicamente, una propuesta urbana. Sin embargo, Australia como país es sinónimo de Naturaleza, con lo cual se genera una verdadera contradicción: la de estar allí y no conocer su acervo natural. La solución viene de la mano de los numerosos parques nacionales que, cuales cinturones verdes, rodean a la gran metrópolis. Al norte, por ejemplo, se encuentra el Parque Nacional Ku Ring Gai Chase; al sur, el Real Parque Nacional. Pero sin duda alguna, quien aporta la cuota más espectacular por sus paisajes es el Parque Nacional Blue Mountains. Al oeste de Sydney irrumpe una cadena de cerros bajos (no más de 1.200 msnm) cubiertos de una espesa mata de bosques de eucaliptos. La exudación de estos árboles, en contacto con el oxígeno del aire, forma una bruma azulada que inspiró el nombre de la región.
Allí, en el parque es posible ver canguros en estado salvaje si uno se levanta lo suficientemente temprano. Pero además, se puede acceder a una serie de miradores que despliegan la enorme belleza del paisaje. A esto se suma que desde esas posiciones parten muchas sendas para la realización de trekking o mountain bike.
Como complemento, toda el área posee una serie de pequeños y muy pintorescos poblados "colgados" de los cerros. Allí, en comunidades como Leura, Katoomba y Hazelbrook, se puede acceder a servicios turísticos (restaurantes y pequeños hospedajes).
Finalmente, si no fue posible conocer a ningún canguro del parque (hay que tomar en cuenta que son animales de hábitos nocturnos), la opción es acercarse al Featherdale Wildlife Park, cerca de Blacktown, en el camino de retorno de Blue Mountains a Sydney. Allí, en el zoológico se puede conocer de cerca las especies más representativas y famosas de la fauna australiana. Merece una distinción especial la presencia de koalas y canguros, animales ya domesticados que se encuentran vagando libremente por el parque y a quienes es posible acariciar y alimentar. Junto a ellos habitan otros típicos animales de la Isla-Continente como los wombats, dingos (perros salvajes) y emús.

EN EL TECHO DE LA BAHIA

Sydney tiene al menos dos grandes íconos reconocibles a nivel mundial. Uno de ellos es el edificio de la Ópera, y otro es el Puente de la Bahía. Inaugurado en 1932, tras 8 años de construcción, está considerado el más grande del mundo en su tipo. La altura máxima del puente, en el arco, llega a los 134 m., la longitud del arco a los 503 m., el ancho de la carretera es de 49 m., la altura de las torres asciende a 89 m. y demandó la utilización de cerca de 6 millones de remaches. Se pueden seguir enumerando características especiales, pero más asombrosa aún es la de BridgeClimb que, sencillamente, propone "escalarlo". Acompañando la curvatura de la estructura, montada en las vigas de acero, el puente tiene una pasarela escalonada, muy cómoda, con varandas a los lados. Eso permite subir tranquilamente hasta la cima del puente.
BridgeClimb ofrece, en total, dos recorridos posibles y un tercero que constituye la novedad. El ascenso, una recorrida de casi cuatro horas, se realiza con todo el equipamiento y la seguridad garantizada. Esto es: un mono que se coloca sobre la ropa, guantes y gorros contra el frío y lentes (todo con ganchos para que no se produzca el accidente de que alguno de estos artículos se caiga), y lo más importante: un cable con un gancho deslizante que le permitirá, en todo momento, avanzar por la pasarela y estar siempre conectado a ella. Además, cada contingente recibe un pequeño y veloz curso sobre el equipo y el modo de ascender. Por si fuera poco, cada grupo sube acompañado de un guía que les habla por micrófono, de modo que todos pueden seguir lo que explica a través de auriculares conectados a un handy.
La gran novedad de BridgeClimb es el denominado The Express Climb, una ascensión acortada (poco más de 2 horas), ideal para aquellos que realizan una visita relámpago a Sydney.
Por otra parte, los tres recorridos están disponibles al amanecer, en el día, el crepúsculo y la noche.